¡Comparte este post!

¿Alguna vez os habéis ilusionado con algo y luego jamás lo habéis llevado a cabo?

¿Alguna vez os habéis permitido vislumbrar que es eso que haría vuestra vida una delicia y habéis decidido aparcarlo o callar esa voz por consideraros unos utópicos soñadores?

¿Alguna vez habéis hablado de vuestros sueños y los habéis visto lejanos e inalcanzables?

Yo sí, me veo continuamente maravillada por mis planes de hacer un mundo mejor y como lo haría y como me sentiría y cuánto aportaría… y llega el lunes (día por antonomasia para empezar cosas) y oye, pues no. Pues vamos a seguir con lo de siempre, que tampoco está tan mal.

Y entonces, llega: esa voz que te dice que tampoco era tan buena idea, o que te has flipado, o que no tienes las capacidades para llevarlo a cabo, o que no lo puedes hacer sola, o que vas a hacer el ridículo o que a nadie le importa lo que a ti te mueve…

El autosabotaje se produce cuando somos nosotros mismos los que nos ponemos limitaciones. Cuando sabiendo lo que queremos, nos ponemos baches en el camino, procrastinamos o pensamos que no seremos capaces de hacer lo que sea que tengamos que hacer para llegar a nuestros objetivos o simplemente para conquistar aquello que tengamos en mente.

Puede que pensemos, me encantaría lograr aquella cosa o aquella otra y nos ilusionemos al pensarlo y a la hora de la verdad, nos achantemos como unos gatillos asustados volviendo a su zona de confort y autoconvenciendonos de que no, de que solo ha sido una ilusión pensar que podríamos llegar a conseguir algo así.

Ese autosaboteador que se encarga de tirar por tierra todas aquellas inspiraciones y momentos de luz que tenemos en el que vemos claro que queremos hacer, que decisiones queremos tomar o a que nos queremos dedicar o incluso, a que queremos renunciar y dejar atrás en nuestra vida.

Nos inspiramos, lo vemos claro, sentimos ya que está en nuestras manos y nuestro saboteador llega y te dice que no, que te dejes de pajaritos en el aire, que tu no puedes, que eso es para otros, que tu no tienes los medios, ni el tiempo, ni las ganas, ni las agallas. Tú no, otro sí. Así que tu a tu cuevita a que nada te roce, no vaya a ser que te hagas daño.

Resulta curioso la facilidad que podemos encontrar para identificar nuestros saboteadores externos, aquellas personas que nos ponen piedras o trabas en nuestro camino. A esas les ponemos nombres y apellidos y les declaramos la guerra fácilmente, pero en cambio, cuando se trata de nuestra propia voz machacándonos, no se nos ocurre identificarla, no se nos ocurre ponerle un nombre y un apellido y disociarla de nosotros para poder dialogar con ella. Para poder integrarla, para ver cual es su mensaje para nosotros sin dejar que nos domine.

Vivimos mano a mano con una voz crítica que cuestiona la mayoría de las decisiones que tomamos o intentamos tomar. O las que no tomamos.

Una voz paralizante que hará de las suyas para que no emprendamos grandes cambios, para no darnos alternativas y para dejarnos una y otra vez en el mismo lugar, eso sí, criticándonos por no dar un paso al frente también. Por activa o por pasiva, si no identificamos esta voz y nos hacemos amigos de ella, seguirá interrumpiendo cada pasito que intentemos dar.

Identificarla, ponerle un nombre disociarnos de ella, ser consciente de cuando nos está hablando y poder guiarla y orientarla de manera que nos pueda ayudar en nuestros logros en lugar de sabotearlos. Todo esto y mucho más se consigue a través de un trabajo interno en el que me encantará acompañarte.

¿Hablamos?

¡Me encantará leerte en comentarios!

¡Comparte este post!

¿Quieres recibir todas las novedades?

¡¡Suscríbete para recibir un e-mail con los nuevos post, nuevas herramientas gratuitas, descuentos especiales en sesiones y herramientas de pago y mucho más!!

¡Ya te has suscrito! ¡Muchísimas gracias por tu interés!