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Hoy me ha venido a la mente el recuerdo de mi primera entrevista por competencias (en la que yo era la entrevistada) y lo exhausta que acabé tras la misma. Aunque ya había recibido formación sobre este tipo de entrevistas y de cómo teóricamente se realizan, no es hasta que te pones ante el entrevistador cuando te das cuenta de la realidad práctica tras la misma.

Este tipo de entrevistas, consistentes en hacer preguntas dirigidas a obtener ejemplos la de la vida real del candidato y con ello evaluar en que nivel tiene desarrollada cada una de sus competencias puede freírle el cerebro a cualquiera.

Si has realizado una correcta preparación y sabes que tipo de competencias te van a evaluar, probablemente salgas airoso de las mismas, pero si como a mi, te pilla de sorpresa, acabas cuestionándote hasta tu propia identidad.

Preguntas del tipo háblame de algún conflicto que hayas tenido durante la realización de un proyecto en equipo te pueden poner ante la tesitura de, o bien que por tu corta trayectoria profesional no hayas vivido este tipo de conflicto aún o bien con que si lo hayas vivido pero no estés precisamente orgulloso de la forma en que llevaste el asunto. En el primer caso, lo más probable es que el entrevistador opte por hacerte imaginar la hipotética situación de este conflicto y que te imagines que solución tomarías, lo cual, en caso de no haberte preparado para la pregunta te deja en un largo.. emmmmmm….emmmmmmm… déjame que piense (y en tu mente crear toda la situación en cuestión de segundos). En el segundo caso se suele notar mucho y, por regla general, se crea una impresión de desconfianza u ocultación en el entrevistador.

 

Con esto, adónde quiero llegar es a que en ocasiones podemos ir a una entrevista pensando que simplemente tenemos que demostrar lo buenos que somos y lo preparados que estamos en el puesto, pero la realidad es que el nuevo enfoque del mercado laboral nos exige otras muchas cosas tales como encajar en el equipo ya existente dentro de la empresa, demostrar en que nivel tenemos desarrolladas las competencias que requiere el puesto y que todo ello quede reflejado de acuerdo a anteriores comportamientos de nuestra vida real.

 

Hoy por hoy, decir que nos gusta trabajar en equipo no es demostrarle nada a la compañía que piensa en entrevistarte. No solo se puede tener la competencia de trabajo en equipo, sino que esta puede darse en mayor o menor medida (por niveles) y los entrevistadores durante la entrevista estamos valorando tanto que se posea la competencia como en que nivel se encuentra la misma. Tratar de maquillar durante una entrevista nuestra trayectoria profesional como si nunca nos hubiera ocurrido nada desagradable es claramente un error. Desde el punto de vista del entrevistador, se tiene muy claro que el día a día en una compañía puede tener tanto cosas buenas como malas y se quiere ver en el candidato las distintas posiciones que éste va a tomar ante un posible problema de la rutina laboral.

Aquí, no buscamos saber como la persona evita los problemas o pasa de puntillas por su día a día, sino como esa persona ha podido pasar por una situación laboral no del todo agradable y SOBRETODO, el aprendizaje que ha podido obtener de ello de cara a futuras experiencias.

Sacar el aprendizaje de cada experiencia va a garantizarle a la compañía que efectivamente, puedes fallar, pero que no te va a ocurrir una segunda vez y que vas a saber reponerte a la situación. Por ello, creo esencial a la hora de preparar una entrevista de trabajo, no solo definir cuales son tus competencias y por qué, sino también, saber encontrar de cada una de ellas 2 o 3 ejemplos de tu trayectoria profesional (o si tienes poca experiencia, incluso de tu trayectoria académica) que puedan plasmar que efectivamente cuentas con la misma y sacar conclusiones sobre las mismas situaciones acerca de que te han aportado o como han afectado a tu modo de realizar las tareas en lo sucesivo.

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