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La pausa, ese momento tan esencial y que no siempre nos concedemos.

 

La pausa que te lleva a la integración, al entendimiento, a la comprensión de lo que es real y lo que te estas creyendo.

 

La pausa hace que volvamos a mirar alrededor. El piloto automático nos lleva a que todo nos parezca igual siempre, día tras día. La pausa nos hace ver los matices.

 

Observas las cosas, te observas a ti, observas al otro y ahí, descubres.

 

La pausa como fuente de inspiración.

La pausa como fuente de salud.

La pausa como fuente de permitir algo nuevo, un pequeño vacío, un si yo paro, el mundo sigue.

 

Sostenerla, mantenerla, concedértela. Sin prisa, ¿dónde vas tan corriendo?.

Eres mucho más que lo que haces y no te estás dando cuenta.

Permítete salir de la jaula de tus pensamientos y creencias.

 

La pausa es la que te va a permitir verte. Permítela en tu vida o te estarás ocultando.

 

Tiempo para reconocer lo que está pasando, para permitir que tu cuerpo hable.

Permítete una pausa que innove, que restaure aquello a lo que no le has prestado atención, que sane lo pendiente.

 

Esto es solo un capítulo, no tu historia completa.

 

Es un regalo, una forma de quererte.

Una pausa para retomar tu vida en todos los sentidos.

 

La pausa te permitirá ver que partes de tu vida te están gritando para que las veas. Qué partes de tu vida están en pausa esperando que las retomes, esperando que decidas, que cierres ciclos en tu vida.

 

Una pausa, para, de verdad, recuperar todo el tiempo perdido.

 

Una pausa que no puede dañarte y que puede cambiarlo todo.

 

¿Te la permites?

 

¡Me encantará leerte en los comentarios!

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