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Toda entrevista lleva todo un proceso previo por el que has podido acceder a la oportunidad de mostrar tu valor delante de la persona que puede tomar la decisión de que formes parte de la empresa. 

Llegas a la entrevista y el entrevistador tendrá preparada una batería de preguntas hacía ti para ver cuál podría ser tu aportación para la empresa.

Y entonces, ¿te limitas a responderlas? ¿Cómo son tus respuestas? ¿estás mostrando quien eres o simplemente que sabes responder a las preguntas?

En ocasiones, cuando como candidatos preparamos una entrevista, nos fijamos en las preguntas tipo y nos aseguramos de saber responderlas también de una forma “tipo”, pero, ¿cuál es el problema? Que la misma respuesta que hayas encontrado en internet para esas preguntas también la habrán encontrado los otros 10 candidatos que optan al mismo puesto que tú.

¿Dónde encontramos entonces el valor? En la diferencia. En la realidad que expresemos, en la experiencia convertida en respuesta. 

El entrevistador no está buscando que le digas 3 o 4 competencias maravillosas con sus correspondientes definiciones. Las definiciones ya nos las sabemos muy bien. Queremos casos concretos, situaciones en las que tu creas que has podido tener ese tipo de personalidad que ahora defiendes para conseguir un trabajo. Si te consideras una persona proactiva (que parece ser que es la fortaleza favorita del mercado) no estamos esperando una definición de la proactividad, estamos esperando un momento de tu vida en la que tuviste un comportamiento proactivo.

Por ejemplo:

“Me considero una persona proactiva por que cuando trabajaba en la empresa X me encontré en una situación de decisión inmediata y tomé las decisiones X, Y y Z.”

“Me considero una persona tolerante y abierta por que he trabajado en diferentes países y convivido con personas de diferentes culturas y siempre he encontrado un valor añadido en la suma de diferencias” y ejemplos, ejemplos y más ejemplos.

Si vais a una entrevista, os definís con tres competencias sin dar descripción alguna de vuestra realidad, va a quedar muy bonito y se va a notar que os habéis preparado la entrevista, lo cual es genial, pero va a faltar el valor diferencial y en cuanto llegue otra persona con casos concretos que aporten valor, no va a haber duda en la decisión.

Por otro lado, podemos encontrarnos ante preguntas sobre situaciones que no hayamos vivido anteriormente, con lo que el entrevistador podrá valorar si tus competencias serán trasladadas a tu futuro puesto de trabajo, poniéndote situaciones hipotéticas en las que podrás razonar como sería tu capacidad de reacción o de resolución de un problema, siendo este el momento ideal para mostrar tu capacidad de generar propuestas.

Por ello, resalto la importancia de autoconocerse y darse un tiempo para meditar sobre los puntos clave de nuestra trayectoria profesional, cual es nuestra manera de actuar en diferentes situaciones, cual es nuestra forma de reacción ante una situación de estrés, cuando hemos mostrado un valor superior en el desempeño de nuestro trabajo o de nuestra carrera académica.

 

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