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Por rendimiento se entiende el resultado final del trabajo de un empleado mientras que desempeño contempla una óptica mas amplia: no solo la consecución de resultados sino también el proceso o modos de hacer. Incluye la forma de hacer las cosas, con independencia del objetivo logrado. En el desempeño incluiríamos las capacidades, actitudes, aptitudes y habilidades con que la persona cuenta y su utilización en el espacio de trabajo, lo que en la práctica desemboca en sus competencias.

 

El desempeño podría incluir aspectos como la amabilidad con los clientes, su actitud de colaboración respecto a sus compañeros, la manera de recopilar y gestionar la información, las distintas formas de interlocución con los demás agentes, su rapidez en la realización del trabajo, la meticulosidad, su ahorro en el uso de materiales, la habilidad demostrada, la capacidad de aprendizaje y de adopción de nuevas responsabilidades …  

 

Todo ello observado desde una perspectiva de gestión del talento, puede incidir sobretodo de cara a las evaluaciones de desempeño que se realizan en las distintas empresas, habitualmente con carácter anual o semestral, donde se trata de evaluar que el empleado mantiene la idoneidad para desempeñar su puesto y que cumple con los objetivos marcados en su puesto de trabajo tanto en términos de eficacia como de eficiencia al utilizar sus recursos para lograr tales objetivos.

Los resultados obtenidos (en este caso, el rendimiento) pueden ser fácilmente medibles a través de cantidades de producción, clientes, ventas o satisfacción del servicio, siendo habitualmente recompensados mediante bonus, incentivos y demás gratificaciones. Mientras que las competencias (desempeño) nos darán un indicador claro de que empleados pueden ser tomados en cuenta para una asunción de mayor responsabilidad, un aumento de su salario base o una posible promoción.

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